La ficción y la realidad son realidades enfrentadas en lo relacionado con el far west. Mucha gente critica al subgénero del spaghetti-western por la poca importancia de las mujeres, el excesivo misticismo, la fotografía en la que la ausencia de paisajes reales americanos era un lastre, y un largo etcétera. Yo siempre defendía ese género por varias razones, como es su acertada música, y más concretamente por introducir en las películas un elemento que no existía en los westerns tradicionales y sí había en cantidad en el far west real: la mugre.
Diferencia. Otro diferenciador era la calidad del malo, y en el western, en muchas ocasiones era más brillante que el sheriff, es decir, hacía mejor su trabajo que el bueno del servidor de la ley, al que siempre había que abofetear a modo de revulsivo. Ejemplo de grandísimo sheriff de la realidad lo podemos encontrar en Wild Bill Hickok, que era un verdadero hueso duro al que no le importaba demasiado pasar al otro lado de las leyes para hacer cumplirlas.
Que me desvío. Viene todo esto porque mi mente me llama a resaltar lo malo, lo nefasto que puede ser el bueno de la película, un tal Nick Heidfeld, que ahora se apresura a declarar que hay asientos libres para la parrilla de F1 de 2012 y que él quiere uno. La desfachatez de este individuo no tiene límites, y tras el desastre de Sauber el año pasado y la espantosa temporada que ha hecho con el Renault (no olvidemos que es un coche más que decente), ahora dice que “lo que he hecho en el pasado y hasta hoy ha sido positivo y me aporta una buena reputación”.
Diferencia. Otro diferenciador era la calidad del malo, y en el western, en muchas ocasiones era más brillante que el sheriff, es decir, hacía mejor su trabajo que el bueno del servidor de la ley, al que siempre había que abofetear a modo de revulsivo. Ejemplo de grandísimo sheriff de la realidad lo podemos encontrar en Wild Bill Hickok, que era un verdadero hueso duro al que no le importaba demasiado pasar al otro lado de las leyes para hacer cumplirlas.
Que me desvío. Viene todo esto porque mi mente me llama a resaltar lo malo, lo nefasto que puede ser el bueno de la película, un tal Nick Heidfeld, que ahora se apresura a declarar que hay asientos libres para la parrilla de F1 de 2012 y que él quiere uno. La desfachatez de este individuo no tiene límites, y tras el desastre de Sauber el año pasado y la espantosa temporada que ha hecho con el Renault (no olvidemos que es un coche más que decente), ahora dice que “lo que he hecho en el pasado y hasta hoy ha sido positivo y me aporta una buena reputación”.