Ahora bien, se pueden hacer artículos de opinión plasmando letras relativamanete basadas en algo, o textos que desprendan la opinión íntima, presentimientos o corazonadas del autor. Éste último tipo de artículo será el que acometa yo hoy, si me lo permiten.
Pegarle palos a un gato, animal inteligente, supone que el bicho te coja ojeriza; ya no confiará en ti, aunque le des de comer, y como animal que es, te devolverá los favores con un cruel y doloroso arañazo. ¿Se han preguntado por qué los animales que más tememos, es decir, los reptiles y los grandes felinos, son precisamente los que no permiten una domesticación completa? ¿Y por qué los tememos? Porque las personas somos muy parecidos a ellos, es una relación amor-odio la que une a las personas con los animales rebeldes.
Las recientes declaraciones en la casa de Maranello han dejado claro al brasileño que debe ayudar al que ha sido su principal problema (Fernando Alonso) desde que llegó a Ferrari. Y Felipe lo tiene claro, y también ha declarado que recoge las peticiones de Ferrari y que ayudará a Fernando.
Me van a perdonar por ser desconfiado, pero no me lo creo. Felipe es ese animal que está a punto de terminar en la perrera municipal, y quiere escapar del hogar que le encarcela a toda costa, es ese mulo que va a ser sacrificado en breve, pero que es exprimido su jugo en el campo de trabajo. Pero el mulo nada sabe y Felipe sí, como animal racional, rebelde y herido.
Dos citas, y debe ayudar a Fernando para restar puntos a sus rivales. Un pseudo-circuito y otro, el GP de casa, en Brasil. ¿Dejará Felipe de hacer una buena carrera ante los suyos para alimentar al animal que le está quitando trozos de comida, para colaborar así con el lustre esplendoroso del pelaje de su ufano compañero? ¡No! Y como tontos en Ferrari no son, pondría la mano en el fuego a que algún error de cálculo o problema en boxes se le planteará a Felipe en caso de manifiesta igualdad con Alonso en Brasil (lugar en que Felipe Massa no suele fallar y que se le da a las mil maravillas).
Se trata de supervivencia animal, y hay tres en el ruedo, el bien alimentado, Alonso, el dueño que siente especial predilección por el gato que le ronronea cuando llega a casa y le trae el periódico, Ferrari, y por último, Felipe Massa, que es el que ve menguada su ración de comida y recibe de vez en cuando un golpe, mientras se acaricia con la otra mano a Alonso.
Desconfía siempre del felino herido, que te la jugará con malas artes cuando menos lo esperes. Si fuese el mandamás de Ferrari, desconfiaría más de Massa que de Webber o Vettel.
A quien no le guste, que lea el primer párrafo.
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