31 de diciembre de 2009

Brawn, el malvado pescador




Scottsdale, Arizona.- Érase que fue un pescadito de mar, un pececillo llamado Timoteo Contreras, Teo, para los amigos. Nuestro pececillo pasó una muy feliz infancia, rodeado de cientos de hermanos y de unos padres que mimaban estresados a todos y a cada uno de ellos.

Fue pasando el tiempo y Teo consiguió el trabajo para el que había estado estudiando desde que era casi un huevo: deshumidificador. Ni que decir tiene que fueron unos estudios muy complicados, y quitando la profesión de mechero, la de deshumidificador era la más complicada de las que se cursaban en las universidades de los océanos. Teo era realmente feliz en su nuevo trabajo, que le llenaba como pez y como profesional, con personal a su cargo, vehículo con chofer y una muy alta remuneración.

En un día nefasto para Teo, mientras dormía, tuvo una pesadilla, en la que se veía atrapado por una luz que lo engullía. Despertó empapado, naturalmente, pues era un pez, y miró a su alrededor dejando pasar el espanto. Salió a tomar el aire fresco, y en la oscuridad de la noche oceánica, divisó una luz justo por encima de su cabeza. Era una luz amarillenta, cuyo fulgor se interrumpía cada milisegundo que un pez se atravesaba entre Teo y la luz. No lo pudo soportar y nadó hacia la luz, de cuyo poder hipnótico ya no podía zafarse.

No era un sueño, era real, y a medida que se acercaba a la fuente lumínica, esta se hacía más y más grande, hasta que abarcó todo su campo de visión, o al menos, eso le pareció a Teo.

Cuando más absorto estaba Teo en la contemplación de la luz, sintió que algo le empujaba por la cola, acercándole más y más a la luz, hasta que su cabeza de pececillo indefenso salió por encima de la superficie del mar. Teo sintió una asfixia repentina y cesó al momento su ensoñación, iniciando en ese instante la lucha por la supervivencia.

-¡Al fin atrapo algo! –dijo Cesáreo Gálvez, el pescador que sirviéndose de la luz en la oscuridad trataba de arrojar algo en su cesta.

Cesáreo agarró a Teo, no sin dificultades, pues Teo luchaba por volver a su hábitat, y lo depositó en un pequeño cubo con agua de mar. El agua tenía un rancio sabor a plástico inidentificable para el reo Teo. Pero le bastaba para no morir.

-¡Suéltame! ¿por qué me encierras? –dijo Teo al pescador, que en ese momento se giró y miró amablemente a la que era su única captura de la noche.

-Tú has venido a mi barca… ¿Cómo te llamas?

-Teo –respondió enojado el lustroso pececillo.

-Mi querido Teo, yo no te he llamado, simplemente he encendido mi luz para leer mi periódico, y has venido a mi barca. Me gustaría decirte otra cosa más esperanzadora para ti, pero solo puedo asegurarte que serás bien empleado en mi casa, pues somos bastante pobres y dependemos para comer exclusivamente de lo que yo pesco todos los días. Sí, Teo, te comeremos y serás de buen provecho para mi casa.

Teo, incrédulo ante tal barbarismo apenas pudo articular palabra y comenzó a forcejear, tratando de saltar para llegar nuevamente al mar, pero fue en vano.

Pero una novedad vino a frustrar su tentativa de huida, pues algo enorme cayó encima de él, algo que le aturdió y que le hizo perder toda noción de orientación durante unos angustiosos segundos. Algo nadaba junto a él, apenas dejándole un poco de espacio para maniobrar.

-¿Quién eres? –preguntó Teo, al que la esperanza de liberarse al ver a un pescado enorme ocupando su mismo cubo le hizo sonreír.

-Soy una sardina gigante de río, pero vivo en el mar. Cosas de la crisis. Me llamo José Luis Ramírez Cebollero, y soy presidente del Club de Besugos Prejubilados, CBP.

El pescador, impresionado, pues estaba oyendo la conversación, se dirigió a Mr. Cebollero y le dio la gran noticia.

-Mi casi saboreado José Luis, tenía la intención de comerme a nuestro amigo Teo, pero es un pececillo casi insignificante y probablemente, mi mujer, mis dos hijos, mi suegra y yo, hubiésemos quedado con hambre, por lo que nos comeremos tus ilustres carnes de presidente.

-¿Entonces, me dejarás libre? –dijo Teo con la alegría dibujada en su rostro, pues veía que su futuro mundano escapaba de la siempre trágica defunción.

Cesáreo se echó a reir, y si no es por un aparejo al que se agarró, hubiese caído al mar. Una vez se hubo tranquilizado y pasaron las toses que el tabaco y la ginebra le producían, se dirigió a su primera captura.

-Tranquilo Teo, que tú sufrirás el mismo desenlace que José Luis, pero no servirás a los mismos altos fines alimentarios a que será dedicado éste. Ambos habéis venido a mi barca por vuestro propio impulso, y a ambos usaré en mi provecho.

Las misteriosas palabras de Cesáreo intranquilizaron definitivamente a Teo, que se veía ya con una patata asada en la boca y con la mirada perdidamente reseca.

Cesáreo no capturó ya más peces. Era un hombre de mar y tomaba del líquido elemento lo que únicamente necesitaba. Al llegar a su casa, colocó a Teo y José Luis en el fregadero y los dejó morir.

Preparó dos ricos guisos, uno en el que José Luis era la estrella invitada, recubierto de un aderezo de salsa de tomate, pimiento rojo, cilantro y un toquecito de ajo, rodeado todo de patatas con un puntito de comino. Su mujer, sus dos hijos y él dieron buena cuenta de la sardina gigante de río que vivía en el mar. José Luis fue un deleite para el gusto, y para satisfacción suya y del CBP, dejó el pabellón sardinil muy alto.

El protagonista del segundo guiso fue nuestro amigo Teo, al que recubrió con aceite de almendras, aderezándolo con piñones y un toquecito de perejil y pimienta. Las pocas espinas de Teo y sus jóvenes carnes hicieron las delicias de la suegra de Cesáreo, que a sus 137 años, dio buena cuenta del protagonista de nuestra historia. Eso sí, el malvado pescador preparó el guiso a conciencia, e insertó unas gotitas de cianuro en el interior de Teo, que hicieron padecer gran dolor de barriga a la anciana y que la mandaron al cajón rectangular. El forense no se molestó en hacer averiguaciones, y dictaminó a la antigua “Se ha muerto de repente”.

Teo sirvió perfectamente al propósito de Cesáreo, pues aunque era el plato principal cuando fue pescado, el arribo de un gran pescado que llenase la barriga de todos, hizo al pescador reconfigurar sus fines y aprovechar las bondades de uno y otro pez… y un poquito de cianuro.

Y colorín rojo, que este cuento a tus hijos no cuentes.

Ross Brawn y Nico Rosberg

P.D.: Mi última entrada del año. Espero os haya gustado y el año que viene… ¡más! Feliz año nuevo de parte de todo el equipo de 5ruedas.

12 comentarios:

  1. Que lastima, los manicomios vacios y gente suelta así, que peligro andar por el mundo

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  2. En mis 34 años de vida había visto semejante sarta de gilipolladas. Estarás orgulloso.

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  3. Qué queréis que os diga, estoy un poco harta de tantos y tantos escritorzuelos/bloggers que se precian de saber más que nadie de la Formula Uno y se olvidan de escribir algo diferente, algo fresco.

    Felicidades Herzog.

    Laura

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  4. Laura: Muchas gracias. Comentarios como el tuyo dan el impulso necesario para seguir en la brecha.

    Anónimo 1 y 2: Perdonad, pero es que hoy no me tomé la pastilla y el desequilibrio comenzaba a atenazar mi neurona.

    A todos, gracias por estar

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  5. solomtengo una duda martin. la vieja a quien personifica?porqe el resto los tengo mas o menos personaficados


    firmado houston

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  6. La anciana no personifica a nadie, solo simboliza, a través del veneno, los pocos escrúpulos de Ross para usar en su provecho las ilegalidades o pseudoilegalidades más atroces que se le puedan ocurrir.

    Ejemplo de ello es el veneno que hizo tomar a Barrichello en aquella nefasta carrera en Austria, cuando Ross hizo casi detenerse a rubens en plena línea de meta. El veneno es la idea, el pez es el sacrificado, y la suegra es la consumación de la ilegalidad.

    Saludos Houston

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  7. menuda gilipollez de texto, y estará orgulloso de escribir esta sarta de idioteces solo a la altura de un gran idiota sin capacidad de análisis y con ideas retorcidas. y solo contesto como recompensa a haber perdido el tiempo leyendo esto.

    Juan

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  8. Querido Anónimo 7 Juan: Ante todo te agradezco que me recompenses con tus halagos, pero he de decirte que te guardes tus recompensas donde te quepan. Nadie te ha obligado a leer el texto y nadie te obliga a contestar.

    Perdona la dureza, y nunca quiero ser descortés con los lectores, pero si eres hiriente con mi persona, me defenderé. Como tú dices, seré idiota, pero no gilipollas.

    Lo de "poner la otra mejilla" se lo dejo a los santos.

    Saludos y gracias por tus recompensas ;)

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  9. Coño Herzog, pensé que no tenías sangre.

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  10. Hola soy Ovif1. He cambiado de blog, ahora he alojado el Rincón de la Formula 1 en wordpress.com.
    Por tanto te escribo para avisarte, de que te he enlazado en el nuevo blog; sigo siendo tu seguidor con el nombre del blog antiguo, ya que no lo cierro; y me suscribo a tu RSS.
    Espero que te guste el nuevo blog, por favor cambia la direccion del enlace de mi blog en el tuyo por la nueva direccion (http://elrincondelaformula1.wordpress.com/)y para hacerte seguidor del nuevo blog solo tienes que suscribirte a mi RSS.
    Un saludo, y nos seguimos leyendo

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  11. excelente!! vamos a ver la F1 con ojos de pescador!

    me agradó, tiene consistencia. espero ver este año muchos más de esos posts. aunque no repetiría la receta con la salsa de Teo, creo que para disimular el cianuro debe ser buena

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  12. F-1 A.L.C.: Se unta a Teo con aceite de almendra, un poco de sal, perejil y pimienta, y se pone en el horno a poca temperatura, como 130 o 150. Cuando le falte poco se le añaden los piñones ligeramente machacados. 5 minutos y listo el manjar. No olvides el cianuro, que le da un toquecillo agrio.

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