10 de junio de 2010

Fernando Alonso en Stanford

Mi amigo Casiano no es alguien a quien simplemente se le dan bien la matemáticas, es un verdadero virtuoso. Recuerdo cuando éramos chicos que mientras yo estaba haciendo mis primeras restas, él ya resolvía raíces cuadradas y comenzaba a investigar sobre ecuaciones y derivadas. Le apasionaban los números. Si yo quería lanzar una piedra por encima de una tapia para que cayese en el charco de un metro cuadrado que había detrás, recogía veinte piedras y comenzaba a lanzarlas, hasta que oía regocijado como sonaba el líquido elemento. Casiano no hacía semejante cosa; se sentaba junto a mí a pensar, apenas un par de minutos, se subía a la tapia y observaba, tomando medidas; después todo era acción para él, buscando palos, latas, trozos de hierro, sopesando, hasta que armaba una palanca. Entonces, cuando yo ya había atinado al charco tres o cuatro veces, Casiano me detenía, colocaba su piedra en la palanca y dejaba caer desde una altura concreta un enorme pedrusco. Yo le miraba interesado y contemplaba como el pedrusco destrozaba latas, hierro y madera, pero comprobaba que la piedra-proyectil había salido según él estimaba, desapareciendo por detrás de la tapia y originando un chapoteo, invisible desde nuestra posición. Casiano saltaba de alegría y juntos corríamos a escalar la tapia para comprobar visualmente que había acertado al charco. A mí me costaba tirar veinte piedras y Casiano lo hacía a la primera. Empirismo y racionalismo.

Mi amigo Casiano se hizo un estudiante brillante, y las proposiciones universitarias no tardaron en amontonarse sobre su sencilla mesa de estudio. “Me aceptan en Stanford”, me dijo un día, con una radiante sonrisa en la cara. Yo le dije que eso era una gran notica, pero que el mejor matemático docente en la actualidad estaba en la Universidad de Hamburgo. Le planteé si sus metas eran estudiar en una de las mejores universidades o aprender matemáticas del mejor catedrático. “Curricularmente no es lo mismo Stanford que Hamburgo”, me dijo.

El bueno de Casiano terminó eligiendo Stanford. Debido a ello, quizá haya conseguido los mejores trabajos, pero él siempre me dijo que se arrepiente de su decisión, pues debería haber escogido al mejor, al que le enseñase matemáticas. “En Stanford aprendí, pero prácticamente, lo único que hice fue consolidar. Si hubiese ido a Hamburgo, habría sido el mejor matemático del mundo”, se lamentaba Casiano.

Pues yendo a la F1, que para eso estamos aquí, resulta que hay gente que se sorprende que en Ferrari no saquen la cabeza por encima del resto. Nuestro Fernando Alonso ha dado un toque de atención a su equipo en recientes declaraciones, donde el piloto español se queja de que el coche no ha cambiado desde China, y que los ingenieros se han centrado en un lamentable F-Duct que no ha respondido a las esperanzas que todos pusieron en el invento. Copiar, copiar y copiar. Fernando dice que solo defiende y que no atacan desde que terminó Bahrein.

¿Y qué esperaba el piloto español? Se va a la mejor universidad, porque para él no hay nada más grande que estar allí, pero se olvida que el nombre de una institución, en este caso Ferrari, no tiene por qué ser el equivalente del triunfo deportivo. Los mejores profesionales de la F1 no están en Stanford; hay equipos chiquitos que tienen personal mucho más cualificado que Ferrari, por ejemplo Williams. El otro día comentaba con alguien que sacar a todo el personal de Ferrari y poner al staff de Williams haría resurgir a la Scuderia. Apreciaciones personales.

¿Qué pensaba el señor Alonso, que los triunfos de Schumacher en Ferrari fueron debidos únicamente a su pericia como piloto? ¿Pensaba que un equipo dirigido por Domenicalli sería tan correctamente manejado como con Jean Todt? ¿Pensaba realmente que Nikolas Tombazis, el diseñador de su coche, podría ser igual de genial que Rory Byrne, el diseñador del coche con que Schumacher triunfó en Ferrari? ¿Pensaba que “residuos” (con todos mis respetos) de Minardi y Toyota, como Aldo Costa y Luca Marmorini tendrían el mismo “nivel artístico” que el equipo de colaboradores de la Scuderia en la época Schumacher?

Rory Byrne, el padre de la "criatura"

No me vengan ahora con ingenuidades, el señor Alonso debería saber perfectamente que Michael Schumacher se rodeó (o le rodearon) del mejor equipo técnico. El trabajo de unos y de otros hizo que en no demasiado tiempo, la Scuderia fuese invencible hasta el aburrimiento en las pistas (y recordemos que pasaron una grave sequía de títulos, pues no ganaban desde 1979 con Jody Scheckter). Comparar a Rory Byrne con Nikolas Tombazis es como comparar a Dios con un cochino, con perdón.

Los problemas que tiene ahora Ferrari se manifiestan claramente en una falta de evolución del monoplaza con que empezaron la temporada. No hay más. Fernando hace lo que puede y sabe, que es mucho, pero los verdaderos encargados de producir el mejor material no saben exactamente cómo hacerlo; son licenciados en Stanford a los que nadie enseñó a pensar.

Y estar con ese personal técnico es responsabilidad única y exclusivamente de Fernando Alonso, que no se me escabulla, porque eligió la gran universidad y no a los mejores profesores, a sabiendas. Dinero ya tenían en Ferrari, Alonso solo aportó más a través del Banco de Santander.

¿Y ahora qué? Pues Alonso comienza a hacer errores en las pistas por tener que buscar un día sí y otro también el límite. Pero sus errores no se limitan a eso, pues vuelve a cometer "traición" a sus aficionados (como en su segunda época de Renault), a los que no cesa de ilusionar cruelmente con promesas infundadas, a la postre frustradas: ahora se llama “especificación B muy avanzada para Valencia". ¡Que no, Fernando, que donde no hay no se puede sacar! Me pueden dar a mí todos los millones del mundo que no sería capaz de diseñar una cuchara.

También ha hecho el español unas declaraciones sorprendentes, al menos para mí, donde dice que en Canadá será todo diferente, pues el F10 se adapta mejor al circuito canadiense, y que definitivamente serán más competitivos. Dos o tres carreras le doy a Ferrari, si no salen del bache habrán perdido el tren moral del campeonato y tendrán que centrarse en otra temporada.

Y hablando del circuito Guilles Villeneuve. No creo que Alonso deba esperar mucho de ese trazado, pues ha demostrado que no le va en absoluto, es uno de esos circuitos a los que uno nunca termina de cogerle el gusto. Recuerdo hace pocos años, donde el asturiano se salió hasta 3 veces en la misma curva, la chicane de después de meta. No se me ilusione mucho, querido Fernando, pues al Ferrari le podrá ir mejor esta carrera que otras, pero a usted no. Estos son sus números en Canadá:

- Ha corrido allí siete veces, desde 2001.
- Ha abandonado en cuatro ocasiones.
- Ha ganado una única vez, en 2006, con un ilustre pegado a su difusor en un circuito en el que es muy complicado adelantar (aunque de la Rosa diga lo contrario), y Alonso comprobó esta dificultad en 2003, otra de las carreras en las que terminó, en cuarta posición. La última vez que finalizó el español en Canadá fue en 2007, en séptima posición.

Son datos fríos, pero las cuentas son claras, y a Fernando Alonso no se le da muy bien el circuito de Canadá. No debería darle demasiadas esperanzas a su afición. ¿Que son ellos los que quieren esperanzas? Adelante, es lo último que se pierde, pero no se desesperen si este año no termina de funcionar correctamente la pareja Fernando-Ferrari.

Solucionaron los problemas de fiabilidad del motor Ferrari, ahora deben solucionar algo mucho más enraizado en la Scuderia: la falta de imaginación.


"Los ordenadores son inútiles. sólo pueden darte respuestas"
Pablo Picasso