23 de julio de 2009

Récord de edad subido a un coche de competición


La Palma.- En Europa hay una percepción muy vanguardista sobre el particular, y es en todos los deportes. Estamos hartos de ver a futbolistas, ciclistas, pilotos de motos y coches, tenistas, etc, diciendo con treinta y tantos que ya están veteranos y que el futuro es bastante más corto que el pasado.

Recuerdo a botepronto a un jugador de baloncesto, Joan “Chichi” Creus, base del CAI Zaragoza, que con más de cuarenta años saltaba y corría como un chaval de doce y siempre decía cuando se le preguntaba al respecto “mi secreto es que no me siento viejo y hago lo mismo que los demás, entreno, como y corro lo mismo que los jóvenes de veinte años, ¿por qué tendría que hacerlo de otra forma?”.

En la época actual estamos viendo a un campeón como Michael Schumacher diciendo que sus días en la competición están contados, que con treinta y siete años está viejo, y termina colgando el casco. También vemos al señor que con sesenta años sigue subido a un andamio y nada le pasa, y aplicando al mundo del motor, taxistas que conducen doce o quince horas diarias, manteniendo la concentración, y lo que es más sorprendente, manejando su coche cada vez mejor. El nivel de atención y concentración entre estos taxistas sexagenarios y el piloto de F1 veinteañero es el mismo, así como el desgaste físico que una y otra categorías conllevan. Algunos de ustedes estarán pensando ¿se ha vuelto loco este hombre? Creo que no, o al menos ayer por la tarde no lo estaba, que fue la hora de mi último examen psiquiátrico por parte de mis hijos. No es igual la categoría “taxis” que la categoría “competición” por una sencilla razón: la adrenalina.


Que me corrijan los médicos. Nuestro taxista de sesenta años se sienta plácidamente en su asiento por la mañana y se dedica a hacer circular su coche con mayor o menor nivel de histerismo por las calles de la ciudad, con su aire acondicionado o su calefacción proporcionándole el nivel de confort necesario. Nuestro piloto de veinte primaveras entra en un mundo en el que el cansancio psíquico de la lucha con el rival es enorme, y aquí es donde entra a jugar la adrenalina, que acentúa ese cansancio y le hace sudar como el hijo del gallo.

Como dicen en el pueblo de mi mujer “a lo que te truje Chencho”. Resulta que en América se pasan por el forro la parrafada que acabo de soltar. Y con toda razón, pues la mayoría de las veces esas personas anónimas tienen una vida mucho más desgastante, estresante, preocupada y movida que la de nuestro piloto veinteañero, que se dedica a subirse al avión cuando le dicen, sin preocuparse siquiera en hacer maletas o sacar billetes, y acoplarse luego a un coche y trabajar con su equipo para que vaya más rápido. No es vida fácil, pero seguro que no se cambiaban por el amigo del andamio. El hecho es que en una categoría regional de la Nascar, la Camping World West, el abuelo Herschel McGriff, de ochenta y un años, ha batido el record de longevidad que ya poseía antes él mismo con setenta y cuatro.

¿Y en qué condiciones lo ha hecho? Pues exactamente como el resto de competidores y como lo hacen en la Nascar, es decir, con carreras eternamente desgastantes. Eran veintiséis competidores y abuelo McGriff salía desde la posición veintiuna. Finalmente terminó en el lugar treceavo. ¿Quién ganó? Un joven de cuarenta y siete años que nació cuando abuelo McGriff ya se había retirado. El circuito de Pórtland fue le testigo de la gesta.

Sobre abuelo McGriff diremos que está en el Hall of Fame de la Nascar, y ha competido en ochenta y cinco carreras de la categoría reina, quedando vencedor en cuatro de ellas.

Y ahora viene un chaval europeo de treinta y dos años y me dice que su carrera deportiva empieza a agonizar. Yo pienso que hay una cruzada internacional de holgazanería y holgazanes/vividores profesionales, que están empeñados en demostrar a todos que no pueden rendir como cuando tenían veinte años. Por ello, las ganancias que deben acumular en sus 15 años de vida laboral deben ser suficientes para que nuestro joven piloto tenga una vida placentera junto a su familia hasta el fin de sus días.

Quizás me puedan acusar de una visión excesivamente simplista del caso y seguramente no les faltará razón, pero estoy convencido de que al menos en parte, tengo más razón que un santo.

¡Bravo, abuelo McGriff! Es usted todo un ejemplo del que muchos deberían aprender ¿no ven en la foto de cabecera su cara de felicidad? ¿Se imaginan a algunos pilotos de F1 que no nombraré con semejante semblante?.



Vía │ Nascar

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada