La frasecita es repelente, pues golpea al equivocado después de que éste ha errado en su actuar o discurrir, se evita completamente el aspecto constructivo y se saca el martillo para manifestar que el interlocutor ha perdido su apuesta y que el vencedor moral de la situación es uno mismo. Yo no uso la frase, generalmente, por lo ofensiva que es y porque hace sentirse al errado como un pececillo defectuoso, pero muchas veces he tenido que soportar el “¡te lo dije!”, no quedándome otra opción que joderme y bajar la cabeza, esperando la revancha.
Pero hoy voy a decir la frase, y lo haré porque a la persona que va dirigida es alguien que hace unos años dejó de tener mis respetos, por usurero, maquiavélico (pobre Nicolás) y dictador. Por supuesto habrán adivinado que es el cyborg Bernie Ecclestone la persona (o pseudo) de quien estoy hablando. No le tengo ningún cariño y me encantaría no volver a verle nunca más (sin malos deseos para su integridad física y mental, evidentemente), pues en su personilla personifico todos los males que golpean a la F1 actual.