19 de diciembre de 2011

Despedida...

Querido lector:

Desde este momento, Martín Herzog desaparece de la blogosfera efeunística para siempre.


Comencé hace unos años ya, con mucha ilusión, truncada las más de las veces debido a mis propias espectativas. Ese tiempo pasó ya, y me refugié, cual ermitaño, en este blog que hoy cierra. "Martín Herzog" es un pseudónimo que por circunstancias adopté, sobrenombre día tras día me ha ido pesando más y más, llegando a crearme algunos momentos de desazón interior con los que no quiero aburrile.

Hace poco, Emilio Melián dijo unas palabras en la radio que me hicieron identificarme con lo que defendía, y me apoyé en ellas para dar el salto a la luz, a la claridad de la honradez, oculta bajo anonimatos. Los cibernautas más o menos cercanos a mí conocen mi verdadera identidad, pero en los días que corren, suele ser demasiado normal encontrarse con nicks, sobrenombres, apodos y nombres falsos. Hablan de seguridad en la red... está bien, pero hoy opto por mostrarme tal como soy.

No, esta mente y este teclado vetusto al que le falta la "Q" no abandonan la blogosfera, y seguiré dando guerra mientras tenga un único lector e ilusión en lo que hago. Si quiere, Podrá seguir mi trabajo en elsecarral.blogspot.com, aunque los artículos los firmaré con el que es mi nombre real, Martín Caño y seguiré aburriéndole con esta manía de viejo chocho de ponerlo todo bajo temática western, incluida mi foto.

Evidentemente (y siendo consecuente con mis palabras), sería incongruente tener que teclear "martinherzog.blogspot.com", por lo que he cambiado a la nueva web, exactamente igual a ésta y con todo el material que he escrito alojado en ella.

Le espero por allí y le mando un saludo


15 de diciembre de 2011

Las bondades del barrizal

La negatividad, lleva invariablemente a la frustración, y cierto, aunque en mis escritos tiendo a ser negativo y algo frustrante a veces, no deja de ser un ejercicio de crítica constructiva que de vez en cuando hay que aligerar de peso para poder soportar la carga que se supone ejerce esa frustración en las espaldas de uno. Por ello, es necesario ser constructivo de vez en cuando, decir cosas buenas, lindezas, aunque haya que escarbar mucho en la mierda para encontrarlas.

Este post lo considero un ejercicio de salud mental que me recomendó mi querido lector, VivaMansell, que me instó a escribirlo porque le parecía interesante dado mi punto de vista poco influenciable

Una de las grandes ganancias que hemos tenido en este 2011 que se nos acaba es la falta de discrepancias entre FIA y FOM, o sea, la falta del politiqueo a que nos tenían acostumbrados los jerarcas de ambas organizaciones, con sus constantes tiranteces y amenazas. Eso ha desembocado en un 2011 pleno de paz, que no es más que una bajada de pantalones de Jean Todt, que ha renunciado a manejar de alguna forma la F1 con tal de seguir beneficiándose del pastel.

9 de diciembre de 2011

Dime de qué presumes...

No deja de sorprenderme lo irrespetuoso, lo ardido, lo poco prudente, traicionero y lo insolidario con los demás pilotos que es Fernando Alonso cuando le ponen un micrófono delante de las mismísimas. Pienso que sus ataques a los demás son producto de la frustración de saberse subido en un Ferrari y no ser capaz de sacar el máximo partido de su auto, por una u otra razón. Es humano, evidentemente, pero uno no deja de esperar algo más de una persona que está en boca de todos, arrastra massas y debería tener un poco de mejor encaje ante los latigazos que la adversidad le depara. Sus fans dicen que es infalible y que los problemas son siempre ajenos, pero a día de hoy, empiezo a dudarlo. 

La última del campeón Español son unas declaraciones menospreciando a su rival Sebastian Vettel, piloto que subido a su Red Bull ha vapuleado a Alonso en los últimos tres años. El de Asturias (que pocos días antes había alabado al alemán) se revuelve y le pega a Vettel un tiro por la espalda:

2 de diciembre de 2011

Te traicionaron, Paul

Ayer echó el cierre uno de los mejores equipos automovilísticos de la historia, nada más y nada menos que el Newman/Haas de las IndyCar Series. A muchos neo-aficionados este nombre no les dirá absolutamente nada, pero es, junto con Penske, el equipo de mayor tradición automovilística open wheel de los Estados Unidos. Ya sé, tampoco a muchos les seguirán diciendo nada estos nombres. Si les digo que por esa casa han pasado muy grandes pilotos y varios campeones de F1, a lo mejor se animan y les pica el interés; pues pilotos como Justin Wilson, Nigel Mansell, Paul Tracy, Cristiano da Matta, Alan Jones, Sebastien Bourdais o Mario Andretti, han defendido los colores de Newman/Haas. Viendo estos nombres, uno se da cuenta de que este equipo es un equivalente quizá al Williams de la F1. Ocho títulos, ciento siete victorias y ciento nueve poles

El equipo Newman/Haas (NHR) fue creado allá por 1983 por en empresario Carls Haas y por Paul Newman, actor de profesión, aunque un verdadero apasionado de las carreras de coches. ¿Sabían ustedes que Paul Newman quedó segundo en las 24 Horas de Le Mans de 1979? Las carreras eran el verdadero motor de su vida, y su papel de jefe de equipo lo compartió desde el citado 1983 con Carl Haas, su amigo, hasta que el cáncer de pulmón se lo llevó el 26 de septiembre de 2008.

29 de noviembre de 2011

Burro grande, ande o no ande

Poco ha tardado la Fórmula 1 en regalarnos otra farsa en la que un conductor se hace pasar por salvador de un equipo otrora grande y venido irremediablemente a menos. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la contratación de Kimi Raikkonen por Renault, o Lotus Renault, o LRGP, o Lotus solamente… el nombre es lo de menos.

La mayor virtud que tiene este piloto es tener un manager, Steve Robertson, que le vende en unas condiciones que no merece el poco pundonoroso finlandés, pues aunque es un piloto muy rápido, es adornado con muchos defectos que siempre suelen caer en el saco roto del olvido, pasado un tiempo. Y es que a los aficionados a la F1 se nos llena la boca en esta nueva operación de marketing, en la que nos venden a seis campeones del mundo juntos, sin atender a los méritos y circunstancias en que consiguieron sus medallas.

Todos están ilusionados con la vuelta del campeón finlandés (sobre todo las chicas), y hay que decir que a un dinosaurio como yo, me crea el asunto cierta espectativa, ya que aunque la destreza deportiva de Raikkonen está fuera de duda, su profesionalidad tampoco dejará nada a la sorpresa, y Kimi se seguirá comportando como ese tipo frío, poco comunicativo, poco participativo, no muy trabajador, que tiende al desánimo con facilidad y poco entusiasta con los asuntos de su equipo. Otro punto fuerte es el reclamo publicitario que supone para los equipos donde está, y no debe sorprender a Gerard López una subida en los ingresos publicitarios bastante alta, que es para lo que le ha fichado, porque parece claro que el hombre de Renault es Kubica.

14 de noviembre de 2011

El blucle que nos atrapa

La inevitable desaparición es un poema que ronda nuestras cabezas desde que somos pequeños. A mis hijos siempre he tratado de hacerles comprender la existencia de la muerte y lo que ello significa. No lo entienden, y se aferran a lo idílico, a ese dormir que en realidad es simple alimento de gusanos.

Tras unas semanas de desaparición de la blogosfera, con mejores cosas que hacer, compruebo con satisfacción que nadie tocó a mi puerta para exigir las cuatro líneas semanales con que alimento mi ego y la curiosidad del lector. No, nadie me echa de menos, y me alegro. Y lo digo con sinceridad y satisfacción, con el verdadero respiro de no tener la obligación de agarrarme al teclado una semana tras otra para aliviar las necesidades de algún que otro inconforme con el orden establecido en el panorama F1 actual.

Y a lo que te truje, Chencho. No analizaré el tostón de carrera de ayer en el verde secarral de Abu Dhabi. No, una cosa que me inspiró ayer fue la sensación de que vivimos en un bucle sin fin, con alguna variable aleatoria que osa meter sus narices en nuestra monotonía para desaparecer como llegó, sin hacer ruido y disfrutando de su minuto de gloria que seguramente se evaporará como lo hace el alma del cristiano en el mismísimo infierno.

17 de octubre de 2011

La soledad de la muerte

Ayer falleció en un tremendo accidente Dan Wheldon. El piloto británico se vio involucrado (con otros catorce pilotos) en uno de los más espeluznantes accidentes que he presenciado en mi vida, en el óvalo de Las Vegas. Wheldon era uno de los mejores pilotos de la serie americana, y tenía en su haber un campeonato y la victoria en dos ocasiones en las 500 Millas de Indianápolis. Alguien que ha ganado las 500 millas debe ser considerado como uno de los mejores pilotos del mundo.

No le echaré hoy los piropos que se suelen regalar en estas lamentables ocasiones porque no es mi estilo. El británico era un piloto capaz de sorprender siempre, aun sentado en un monoplaza de segunda fila. Su victoria este mismo año en la Indy500 es claro exponente de ello.

La mala suerte parece que se ha cebado con Dan, pues corría de prestado, sustituyendo a Alex Tagliani. Visionando el accidente, vemos claramente que lo aparatoso del accidente se produce debido a que al ser monoplazas “open wheel”, es decir, con las ruedas descubiertas, cualquier leve toque a casi 400 km/h hace volar a los monoplazas… como pasó ayer. Y digo que tuvo mala suerte porque el año que viene la IndyCar tendrá un nuevo chasis, en el que las ruedas están relativamente carenadas, protegidas por elementos que quizá hubiesen impedido el desastre de ayer. ¡Qué mala suerte!

10 de octubre de 2011

Fernando Alonso, Príncipe de los Creyentes

Visionando la carrera de Suzuka 2011, un pellizquito en mi alma me incordiaba cada vez más, según transcurrían las vueltas, cuando por fin me aseguré que el Ferrari iba como un tiro, en velocidad punta, en curvas rápidas, en curvas lentas, muy bien en cuidado de neumáticos, etc.

Todos vimos la forma en que el desgaste de neumáticos afectaba de forma diferente a los mismos pilotos de un equipo, evidente con las parejas Button-Hamilton, Pérez-Kobayashi y Vettel-Webber. El mismo coche, pero diferentes formas de conducir y cuidar los elementos disponibles, o sea, el monoplaza.

Y ya me hice la maldita pregunta que me rondaba la mente ¿y si Aldo Costa y más tarde Pat Fry no son tan malos y resulta que han hecho bien su trabajo, haciendo verdaderamente rápido el Ferrari, un coche limpio de formas y simple en su concepción?

Nos están vendiendo desde Ferrari y círculos alonsistas lo bueno que es Fernando Alonso y que el nivel real del coche es, inequívocamente, el que muestra Felipe Massa. Y ahora me entra la duda ¿y si el nivel real del monoplaza es el mostrado por Fernando Alonso, desmitificando esa concepción sobrehumana de que goza el Príncipe de los Creyentes? ¿y si resulta que gran parte de los problemas del coche durante este año no sean tales, y que simplemente sean problemas de adaptación de los pilotos al coche?

3 de octubre de 2011

Lewis Hamilton y la suprema corte de mediocres

Recuerdo aquél día perfectamente, ese momento en que iba a ser sometido a juicio popular mi linchamiento, el de una persona todavía libre, ocupada en sus quehaceres. Todos en el pueblo se iban a reunir en la barbería del irlandés McGeorge, lugar habitual de las reuniones de esa banda de cobardes presuntuosos que se hacían llamar mis vecinos. Ese día debían debatir si me expulsaban del pueblo o no. ¿La causa? Es igual, porque a nadie interesa la veracidad de unos hechos segada por otros o por mí. Todos los habitantes estaban invitados y se requería la presencia del censo al completo, excluidos niños, mujeres y Jekeru, el indio que regentaba el saloon.

Yo no estaba invitado a la fiesta que debía dar con mis huesos en territorio apache, por supuesto, pero siempre fui atrevido y quise enterarme de lo que habría de sucederme de primera mano, y claro, ver por última vez y con mis propios ojos a mis acusadores.

20 de septiembre de 2011

Ay, Nicolasito ¡qué bonito pelo tienes!

La ficción y la realidad son realidades enfrentadas en lo relacionado con el far west. Mucha gente critica al subgénero del spaghetti-western por la poca importancia de las mujeres, el excesivo misticismo, la fotografía en la que la ausencia de paisajes reales americanos era un lastre, y un largo etcétera. Yo siempre defendía ese género por varias razones, como es su acertada música, y más concretamente por introducir en las películas un elemento que no existía en los westerns tradicionales y sí había en cantidad en el far west real: la mugre.

Diferencia. Otro diferenciador era la calidad del malo, y en el western, en muchas ocasiones era más brillante que el sheriff, es decir, hacía mejor su trabajo que el bueno del servidor de la ley, al que siempre había que abofetear a modo de revulsivo. Ejemplo de grandísimo sheriff de la realidad lo podemos encontrar en Wild Bill Hickok, que era un verdadero hueso duro al que no le importaba demasiado pasar al otro lado de las leyes para hacer cumplirlas.

Que me desvío. Viene todo esto porque mi mente me llama a resaltar lo malo, lo nefasto que puede ser el bueno de la película, un tal Nick Heidfeld, que ahora se apresura a declarar que hay asientos libres para la parrilla de F1 de 2012 y que él quiere uno. La desfachatez de este individuo no tiene límites, y tras el desastre de Sauber el año pasado y la espantosa temporada que ha hecho con el Renault (no olvidemos que es un coche más que decente), ahora dice que “lo que he hecho en el pasado y hasta hoy ha sido positivo y me aporta una buena reputación”.

13 de septiembre de 2011

Schumacher ¿qué has hecho?

A veces despierto, bañado en sudor frío, tras una noche de inquietudes que afloran desde el subconsciente y que aprietan cuando uno está más indefenso, en la destructible coraza que defiende el mundo de nuestros sueños. Y sigue el día, inexorable, tras una ducha que tratamos que sea más reparadora de lo que en realidad termina siendo, y continuamos perdidos en nuestras ensoñaciones toda la jornada. Y siempre hay alguien empeñado en ver lo oscuro de nosotros, aunque nuestra actitud sea la mejor, nuestra aptitud la de siempre, y el resultado final sea lo que se pretendía cuando estábamos sentados a la misma mesa, con veinte años menos y el alma descansada, pura, sin el óxido que algún aventón del destino nos regaló en ese paréntesis.

Por más que miro, remiro, abro y cierro los ojos, me doy un paseo y vuelvo a la pantalla, no logro entender por qué Michael Schumacher es objeto de tantas críticas debido a su actuación en el Gran Premio de Italia de 2011. Quizá todas esas críticas estén motivadas por la incoherencia de los comentaristas españoles, que afirmaban sin sonrojo que Michael Schumacher obstruía de forma ilegal a Lewis Hamilton, pues hacía dos cambios de dirección para defender su posición, cuando solo está permitido uno.

8 de septiembre de 2011

Canallada

Bajo y ruin, así es como se muestra el personajillo amarillo (de esa forma lo llamaba un amigo) cuando se proclama inepto para hacer su labor, y no tiene los redaños suficientes para dejarlo, por el bien de quien le paga y lealtad simple a su empresa. Inútil es como se muestra Domenicalli (o no útil, que les veo venir), porque además de presentar en 2010 su dimisión por el lamentable resultado de sus decisiones en el muro dicho año, no tuvo el valor de irse cuando su jefe le dijo que no aceptaba su dimisión, creyéndose por ello Domenicalli mejor de lo que en realidad es. A eso lo llamarán prudencia, responsabilidad o lealtad, pero yo lo llamo falta de ética y cobardía.

Y este señor tiene la poca decencia ahora de pavonearse delante de la prensa diciendo que se están acabando las malas horas de Ferrari, y que el año 2012 será el del cambio de rendimiento, debiendo todos acostumbrarnos a ver ganar a los de rojo. Sin duda, esta premonición del iluminado será porque ya han decidido abandonar las mejoras del coche de 2011 y centrarse en el de 2012. Falso, siguen evolucionando este coche, y recientemente ha aparecido en la prensa empanizada que los de Ferrari se ufanan de usar el túnel de viento al cincuenta por cien entre el coche de 2011 y el de 2012. ¡Si eso es abandonar el desarrollo…!

5 de septiembre de 2011

Veinte damiselas


Y mientras Tom saboreaba el amargo licor que empezaba a recorrer
su garganta, Leyma se acomodaba desnuda a su lado, temiéndose que el
fogoso hombre que tenía a su lado pudiera convertirse en un borracho.
Llegaron a su memoria aquellos tiempos que creía olvidados en Alejandría,
demasiado recientes, donde era golpeada una y otra vez por Samil -el
macho de turno, impuesto por su padre en matrimonio-, mientras le
obligaba a quitarse el camisón ensangrentado y a decirle “te amo”.

La FIA hizo público el que será el calendario de 2012 de la llamada categoría reina, y sacaba a la luz el tesoro mejor guardado de su imperio, los veinte nombres de las princesas que bailarán al dulce toque de laúd del viejo, vetusto, añoso, recalcitrante y testarudo Ecclestone. Y una de estas princesas, Leyma, golpeada y violada un día tras otro por su propio esposo, busca deseosa su propio futuro lejos del golpeador usurero. Probablemente tenga que pasar de vivir en un palacio maltratada a una casucha de arrabal, pobre, aunque feliz y respetada.

31 de agosto de 2011

Dependencia cruel


En las películas, igual que en la F1, tiene que existir un aliciente que le dé vida a lo que podría pasar como una aburrida sucesión de imágenes que no nos lleve más que a perder una hora y media de nuestra vida. Hay muchas variables, aunque generalmente destacan en este aspecto los malos, que mostrando sus crueles armas, defectos y virtudes terminan acondicionando nuestra mente en apenas una escena para disfrutar de lo que será una plena y satisfactoria tarde de palomitas, generando en nuestro corazón un odio bien traído, y una sincera admiración pocos minutos después de terminar la película. Malos hay muchos, verdaderos cabrones que nos hacen plantearnos si realmente habrá alguien así de tremendo en la vida real, pero mirando hacia el género del Western, me asalta un nombre que no puedo obviar: Henry Fonda.

Pocos malos existieron como el gran Fonda, cruel cuando toca, pero siempre con un trasfondo íntimo en sus papeles de malo, un malvado capaz de ejecutar a un hombre de la manera más cruel posible, y enamorarse perdidamente pocos minutos después, dejando aflorar esa sensibilidad que todos tenemos en mayor o menor medida, incluidos los muy malos.

29 de agosto de 2011

Matones de medio pelo

Hace ya unos meses fui echado a patadas de un blog que me gustaba leer regularmente, un blog alonsista que me aportaba buen contenido desde la trinchera acérrima del alonsismo. ¿Mi pecado? Algo tan simple como manifestar que me parecía mal que llamase el autor del blog “mierda” a Lewis Hamilton. Casi todos le reían la gracia al personaje descalificador (incluido mi Primo), y yo me resistía a irme de un sitio así, sin contemplaciones, cuando lo único que pedía al autor era que fuese educado y no insultase. Después me llegó la amenaza, incluso física, y la fanfarronada del individuo en cuestión “¡yo me dedico a romperle la cara a la gente!”. Hasta ahí podríamos llegar. Cerré la puerta por fuera y tiré la llave al mar. No, no busquen referencias, ya que para hacer esta entradilla busqué ese post, llamado de forma barriobajera y grosera por el individuo “¿Por qué Hamilton sigue siendo un mierda?”, pero el autor borró mis respuestas, y, lo que es peor y que indica su vergüenza, las suyas también. Triunfo moral, querido.

Todo esto viene a colación por el comportamiento grotesco de matón de medio pelo de que hizo gala el bloguero que nos ocupaba, similar en parte a lo que nos enseñó el piloto venezolano Pastor Maldonado el pasado sábado, cuando terminaba la segunda sesión de calificación (me niego a hablar con siglas). ¿Lo recuerdan? Sí, ese momento en que soportó un adelantamiento algo brusco de Hamilton, que hasta llegó a tocarle levemente; pues Maldonado se enojó y en la siguiente recta, jugó a los coches de choque con un sorprendido Hamilton, que perdió varias partes de su coche en el altercado.

25 de agosto de 2011

1980: GP de Argentina de F1

Allá por el 13 de enero de 1980, en pleno verano en el hemisferio sur, se disputaba el Gran Premio de Argentina de F1 en el Autódromo Juan y Oscar Gálvez, unos de esos circuitos que denominamos “de veras”. No será mi intención hacer una crónica de la carrera, porque ni es lo mío ni me apetece intentarlo. Pero visionando una y otra vez las imágenes del evento, noté un cierto regustillo entre amargo y de añoranza, pues sí me quedó claro que aquellas carreras de mi primera juventud (que recordaba de una forma quizá idealizada), tenían sus cosas buenas y otras bastante malas.

La primera diferencia y que me chocó en los primeros segundos de retransmisión es la enorme diferencia de nivel entre la que dicen que es la mejor parrilla de la historia (la actual, y porque corre Alonso, porque si lo hiciese Piquet senior –otro piloto relativamente similar al asturiano- seguro que la llamarían “otra parrilla más”) y la correspondiente a un año perdido en la historia del automovilismo… 1980.

23 de agosto de 2011

¡Te lo dije!


La frasecita es repelente, pues golpea al equivocado después de que éste ha errado en su actuar o discurrir, se evita completamente el aspecto constructivo y se saca el martillo para manifestar que el interlocutor ha perdido su apuesta y que el vencedor moral de la situación es uno mismo. Yo no uso la frase, generalmente, por lo ofensiva que es y porque hace sentirse al errado como un pececillo defectuoso, pero muchas veces he tenido que soportar el “¡te lo dije!”, no quedándome otra opción que joderme y bajar la cabeza, esperando la revancha.

Pero hoy voy a decir la frase, y lo haré porque a la persona que va dirigida es alguien que hace unos años dejó de tener mis respetos, por usurero, maquiavélico (pobre Nicolás) y dictador. Por supuesto habrán adivinado que es el cyborg Bernie Ecclestone la persona (o pseudo) de quien estoy hablando. No le tengo ningún cariño y me encantaría no volver a verle nunca más (sin malos deseos para su integridad física y mental, evidentemente), pues en su personilla personifico todos los males que golpean a la F1 actual.

16 de agosto de 2011

Sueños de mecedora


Cuando te sientas cómodamente en la mecedora instalada en el porche, colocando cómodamente tus pies sobre la barandilla, encendiendo la pipa tras haber llenado convenientemente el estómago y saboreado un buen café de Kenia, tu mirada se pierde en lo infinito del paisaje, rondando de acá para allá, degustando cada detalle y cada rincón, cada árbol y cada piedra, hasta que la monotonía del paisaje nos adentra en eso que algunos temen, los propios recuerdos, esos que alteran el ritmo cardíaco para bien o para mal de nuestro obstinado corazón.

Y generalmente la postal descrita se puede acometer cuando uno no tiene nada mejor que hacer, o cuando uno se la impone como costumbre necesaria. Me gustaría que en mi caso fuese la segunda opción, pero no es así, y únicamente puedo disfrutar de esa maravillosa media hora cuando las obligaciones y quehaceres me lo permiten. Ayer mismo conseguí acceder a ese espacio íntimo, y mi mente vagó, por primera vez en mucho tiempo, eligiendo inconscientemente a la F1, evitando el presente y manteniéndose obstinada en el pasado de la categoría, rebelándose terca contra esa chusmilla de malcriados que son los pilotos actuales y contra esos dirigentes de FIA y FOM que han conseguido convertir un noble deporte de caballeros valerosos en un negocio próspero con pies de barro y entrañas malolientes. Y seguí paseándome, recordando maniobras imposibles de pilotos que están en la gloria, diseños imposibles de ingenieros atrevidos y circuitos maravillosos que ahora tienen su nueva vida como un trozo de alguna carretera secundaria.

21 de junio de 2011

De profesión, piloto de pruebas

Cuando veo por televisión a los actuales pilotos de pruebas, siento un amargor recorriéndome, un recuerdo comparativo, visualizando a los sufrido buscadores de oro del viejo oeste, poseídos por la llamada “fiebre del oro”. Eran la gente más humilde y trabajadora que se podía echar uno a la cara en aquellos tiempos, pero también abundaban aventureros y ladrones, que se aprovechaban de la bonanza de los honrados que habían encontrado un filón, robándoles el oro, apropiándose de las tierras, o simplemente asesinando al buscador de pepitas, que no dejaba de ser un desgraciado a merced del capricho de la naturaleza y de los designios oscuros de los elementos, véase delincuentes y compradores de oro.

Pero actualicémonos unos ciento veinte años y fijémonos en los pilotos de pruebas de la F1. Hace muy pocos años, estos pilotos eran sobre los que caía la responsabilidad del desarrollo en la pista, de las pruebas que se hacían a los bólidos en los circuitos, pasando además a ser pilotos titulares en el caso de que el Montoya de turno se lesionase jugando al tenis. Había grandes especialistas en el asunto, como Pedro de la Rosa o Alex Wurz, pilotos que nunca demostraron gran desempeño en las carreras pero que eran incansables trabajadores, capaces de permanecer horas y horas subidos en el monoplaza, dedicados a una labor la mayoría de las veces ingrata.

13 de junio de 2011

Schumacher, el halcón

A veces se le pierde el respeto a Michael Schumacher, ese abuelo que supo retirarse a tiempo y que, según voces, regresó de forma estúpida a empañar su espectacular y cuestionada historia, movido por quién sabe qué hilos, pero animado por una innegable afición, que quizá debiera llamarse fiebre (según algunos), de esas que te hacen modificar tu conducta para convertirte en una caricatura de ti mismo.

Detesto el DRS. Es una chapuza que la FIA ha inventado para hacer caja a expensas de una competición digna y justa. Y ayer, el maldito invento dio al traste con las magníficas posiciones que Kobayashi y Schumacher habían ganado en justa lid, cuando todo el enrejado de la carrera en Belle Isle se derretía deformado, con muy pocos aguerridos que supieron leer el metal fundido a la perfección. El elemento artificial de la FIA alteró gravemente el resultado final de la carrera de Canadá 2011, un evento mojado y remojado, de esos donde sólo los valientes se pasean a sus anchas.